FELICITACIONES ¡Goku llegó a sus 30 años!

Dragon-Ball-DespedidaTal día como hoy pero hace exactamente tres décadas, un niño iba caminando tranquilo por el bosque montado en un gran  tronco que llevaba rodando y recién cortado, a juzgar por el impresionante serrucho que tenía apoyado en el hombro.

Saludaba a unos monos subidos a los árboles cercanos, pero no era tan raro porque el chico, al fin y al cabo, tenía cola como ellos. Lo raro empieza cuando una joven alocada atropella al niño de la cola, y este al defenderse  toma su auto por un monstruo y lo ataca hasta destruirlo. Lo más extraño es cuando ella se molesta al ver su auto destruido saca una pistola  y le dispara a Goku, porque así se llama el niño de la cola, las balas solo le causan piquiña y no traspasan su piel.

 

Weekly-Shonen-Jump

La primera aparición de Goku y Bulma.

Sin embargo, lo raro de verdad viene cuando Bulma, la chica de pelo azul, cuenta a Goku que la brillante esfera amarilla con cuatro estrellas que le dejó su abuelo en herencia forma parte de un conjunto de siete, y que reuniéndolas todas sale un dragón que concede cualquier deseo. Ya juntos y de camino en moto para reunir las cuatro esferas que les faltan, un pterodáctilo secuestra a Bulma y Goku lo derrota haciendo que el palo que lleva a la espalda se alargue por arte de magia.

Esa es la historia que contaba la primera entrega de Dragon Ball, el nuevo manga de Akira Toriyama (por aquel entonces conocido como el autor de Dr. Slump) que empezó a publicarse en el número 51 de la revista Weekly Shōnen Jump, publicado el 3 de diciembre de 1984. En estos 30 años Dragon Ball ha generado series de animación, OVA, una película con personajes reales (que mejor olvidar), mil videojuegos y figuritas y casi cualquier otro producto que te puedas imaginar, pero todo empezó con ese encuentro entre una chica de ciudad y un niño-mono que perdía la fuerza si le tiraban de la cola y que no sabía distinguir a simple vista el sexo de las personas.

Dragon-Ball-deseo¿Recuerdan el deseo que pide Ulom?

Durante la primera etapa de Dragon Ball, Toriyama supo combinar el humor que había hecho grande a Dr. Slump con una trama aventurera y de desarrollo personal cada vez más épica, en la que los enemigos de Goku muchas veces terminaban obligados a unirse a él para hacer frente a amenazas cada vez más terribles y siempre terminaban contagiándose de su bondad y su buen humor, aunque no todos de su insaciable apetito. A veces superaban las amenazas con recursos absurdos, como cuando Krilín bajó la blusa a Bulma para que el viejo verde del maestro Mutenroshi le viese los pechos, y automáticamente sangrara por la nariz y salpicara al hombre invisible.

Y a veces vencían a base de duros entrenamientos, de sufrir en plan gore durante el combate y muchas veces de terminarlo con técnicas como esta:

Goku-atravesando-a-Piccolo

Pero la primera etapa de la serie, la que se adaptó a televisión sin la Z en el nombre, mantuvo el tono humorístico y aventurero con ingenios como las cápsulas Hoi-Poi, la nube voladora o el mismo radar del dragón, con personajes memorables como Baba la Vidente o Yajirobe y con villanos risibles como Pilaf tramando la dominación del mundo, otros a medio camino de la seriedad como el Ejército de la Patrulla Roja y un tercer grupo más temible en el que se encontraba Piccolo, rey de los diablos, que aun así se salía del papel de vez en cuando para arrancar al lector una carcajada marca de la casa Toriyama.

Goku por fin ganó el Gran Torneo de las Artes Marciales que se le resistía desde el principio de la serie, se casó y evitó que un monstruo dominara el mundo, todo más o menos al mismo tiempo. Y fueron felices y comieron perdices.

 Dragon-Ball-Saiyajins

Pero para entonces (hablamos de finales de los años ochenta), la serie se había vuelto demasiado popular como para que no siguiera adelante. Akira Toriyama fue dejando de lado el humor y, en opinión de muchos, vaciando su obra hasta convertirla en un mal videojuego, reducida a unos enemigos cada vez más poderosos, unos protagonistas que se definían por poco más que su nivel de fuerza medido con scouter («¡Tiene más de 9.000!») y unas transformaciones cada vez más impresionantes.

Hasta cierto punto es verdad, aunque muchas de las críticas vienen de la versión televisiva  rebautizada como Dragon Ball Z tras el nacimiento de Gohan, que pisaba tanto los talones al manga que tuvo que incluir capítulos de relleno cada dos por tres. Y donde antes Toei Animation se había inventado minitramas más o menos interesantes con las que esperar a la siguiente entrega de Toriyama, cuando la serie pasó a centrarse absolutamente en los combates el relleno fue degenerando a marchas forzadas. Así tuvimos capítulos y más capítulos en los que no pasaba nada, centrándose en Goku y Freezer mirándose mal e insultándose mientras el planeta Namek llevaba quince episodios amenazando con explotar en cualquier momento. En cambio, al manga se le podrán achacar cosas, pero mantuvo el ritmo bien firme y no alargó innecesariamente el combate contra Freezer.

Dragon-Ball-Kamehameha

Ka… me… ha… me…


En la última etapa de la serie (la del monstruo Bu, publicada entre 1994 y 1995) el autor intentó volver un poco al tono ligero de los primeros volúmenes, con técnicas de combate ridículas, conversaciones absurdas entre personajes y hasta riéndose de sí mismo. Lo que quedó claro, y no es nada que no llevara arrastrando el manga desde el principio, es que Toriyama no tenía una idea preconcebida de dónde quería llevar su historia: él mismo decía que solo tenía intención de entretener a los niños japoneses y que no esperaba un éxito tan rotundo y mundial. Algunas veces sus giros de trama triunfaron (hacer crecer a Goku para el tercer torneo, por ejemplo) y otras se vio obligado a echarse para atrás, como cuando intentó transferir el protagonismo de la serie primero a Gohan y después a Trunks. Pero es que Goku siempre ha sido mucho Goku, tenga el color de pelo que tenga.

Dragon-Ball-Despedida

Lo que nos queda, treinta años después de aquel Weekly Shōnen Jump n.º 51 de 1984, es una serie en 26 tomos que sin duda merece un puesto en el podio de los mangas más importantes de todos los tiempos, y al que pocos negarían su relevancia en la historia del cómic mundial. Un manga con sus altibajos, sí, pero siempre épico y aventurero, a menudo divertidísimo y como mínimo adictivo. Y si Toriyama solo quería entretener a los niños japoneses, lo logró con creces. A los niños japoneses y a los de todo el mundo.

Y a los no tan niños.

 

Lectualbeldrío

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